domingo, 2 de octubre de 2016

El Juego de Ripper de Isabel Allende

Voy a hablar de otro libro de Isabel Allende, me gusta mucho ella, un día de estos voy hacer un recuento para ver cuántos libros me faltan por leer. Hace un rato lo terminé, por lo que se imaginaran que todavía estoy con la adrenalina de sus últimas páginas, esas que sabemos que son la clave de la historia. Me lo prestó una compañera de mi trabajo, por lo que el lunes fijo hablaremos de los pormenores y nuestras conclusiones.

Yo no tengo queja por la primera parte, a muchas personas no les gusta cuando la historia se pone lenta por describir a los personas y contar sus historias, yo pienso que es la mejor parte, conocer que han hecho, de donde vienen, porque hacen o no hace algo. Además pienso que es importante la descripción de ciertos detalles, que en la vida real no mencionaríamos, porque nos daría vergüenza o porque pensaríamos que no vienen al caso.

Al resolver el crimen fue predecible el culpable, pero tuvo giros que no me imagine, mi pensamiento: “Ay no puede ser”. Como todo criminal tenía una firma, un motivo y un modus operandi, y como con todo ser humano mezcla de amor-odio en sus acciones.

Mi personaje favorito sin dudarlo es Amanda, una chica segura y decidida, aunque Miller al final se ganó mi corazón; fue muy tonto al querer jugar de héroe, pero posiblemente necesita librar un poco su alma.

“Amanda Martín cerró los ojos, respiró a pleno pulmón el aire límpido de esa mañana de invierno; por la fragancia picante de los pinos supo que el coche avanzaba por la avenida del parque y por el olor a excremento, que pasaba frente a las caballerizas. Calculó que eran las ocho y veintitrés minutos; dos años antes había renunciado al reloj para cultivar el hábito de adivinar la hora, igual como calculaba temperaturas y distancias, también afinó el paladar para identificar ingredientes sospechosos en la comida. Catalogaba a la gente a través del olfato: Blake, su abuelo, olía a bondad, una mezcla de chaleco de lana y manzanilla, Bob, su padre, a reciedumbre: metal, tabaco y loción de afeitar; Bradley, a sensualidad, es decir a sudor y cloro; Ryan Miller olía a confianza y lealtad, olor a perro, el mejor olor del mundo. Y en cuanto a Indiana, su madre, olía a magia, porque estaba impregnada de las fragancias de su oficio.”

martes, 30 de agosto de 2016

Elena sabe de Claudia Piñeiro

Afuera no deja de llover, todo el día a estado gris. Estoy con gripe y no fui al trabajo. Entre dormir y sacudirme la nariz me leí este libro en día y medio. No podía detenerme, si mis ojos se llenaban de lágrimas me esperaba un poco y lo retomaba. Esto me sirvió para no pensar en quien no está y enfocarme en la lectura, porque los días de lluvia suelen llenarme de recuerdos (últimamente leer mucho me ayuda).

Compré este libro en Argentina, movida por mi lado morboso o mi lado curioso (o ambos), quise saber quién mató a Rita. Obtuvo el premio Liberaturpreis 2010, Alfaguara. Es pequeño, con letra grande, dividido en tres partes.

Conforme avanzaba en la lectura me invadió tanta lastima, pobre Elena, tener cualquier enfermedad es triste, porque el cuerpo no vuelve a ser el mismo y se hace dependiente al medicamento; y encima tener que averiguar quién mató a su hija. Además haber tenido una hija tan grosera, ay me da tanta lástima que se maltrate a un adulto mayor y más cuando hace cosas porque no las puede controlar.


Este fragmento me parece que es un adecuado resumen: “Está nerviosa, lo cual no es bueno, porque cuando se pone nerviosa la medicación tarda más en actuar. Pero no puede evitarlo. Hoy va a jugarse la última carta para tratar de averiguar quién mató a su hija, hablar con la única persona del mundo a la que cree que puede convencer de que la ayude. A cambio de una deuda lejana en el tiempo, casi olvidada. Va a intentar cobrar esa deuda, aunque Rita, si estuviera, no estaría de acuerdo, la vida no es un trueque, mamá, hay cosas que se hacen porque sí, porque Dios manda. No va a ser fácil, pero lo va a intentar. Isabel se llama la mujer a la que busca. No está segura de sí se acordarán de ella. Cree que no. De Rita sí, le manda una postal cada fin de año. Tal vez no sepa de su muerte.”

martes, 23 de agosto de 2016

Lo que el mar se llevó de Philippe Le Dem

El lunes termine este libro. Me llenó de adrenalina en muchas partes. Por el título estuve a la defensiva, esperando lo peor. Lo devoré en unas cuantas horas. Fácil de leer. Me encantó la forma de redacción tan directa, me sentí identificada.

El padre de Eve se ganó mi respeto. Un hombre que admite llorar, que admite su miedo y que ama a la naturaleza. Él es quien describe todo lo sucedido.

Me encanta leer historias cotidianas, el día a día es la mejor de las novelas, cada persona tiene algo que contar, algo que decir. Y particularmente con esta lectura, recordé lo importante que es disfrutar de las cosas triviales y sencillas que suceden día a día.


“Nadie atraviesa tal desierto sin sufrir heridas indelebles de ese viaje.
La aventura humana que acabo de experimentar, resuena en cada célula de mi cuerpo. En cada neurona de mi cerebro.
Visión del mundo. Percepción del futuro. Contacto con los demás.
Futilidad.
Fragilidad.

Disfrutar del momento presente. Los regalos de la vida. La simplicidad de los sentimientos. La felicidad de las cosas pequeñas. El ser.”

jueves, 11 de agosto de 2016

Los Juegos del Hambre de Suzanne Collins

Este libro me gustó mucho, lo leí el año pasado, fue un regalo de un amigo secreto del trabajo, había escuchado muchas cosas positivas y no me decepcionó. Pienso que no está muy alejado de la realidad, ya que Panem se creó por todos los incendios, guerras, tormentas y demás desastres que destruyeron Norteamérica, será que estaremos cerca de que inicien los Juegos del Hambre?

Amé a Gale odie a Peeta. Me encanta Cinna. Definitivamente la estrella es Katniss.

Cuando pienso en el Distrito 12 me imagino todo lleno de polvo, seco, sucio, viejo y triste. Cuando pienso en el Capitolio pienso en Las Vegas, mucha magia y color
(aunque falsa).

“Me meto en una pesadilla de la que despierto solo para encontrarme con algo aún peor. Las cosas que más miedo me dan, las cosas que más temo que le sucedan a los demás, se manifiestan con unos detalles tan vívidos que me parecen reales. Cada vez que me despierto pienso que por fin se ha acabado todo, pero no, tan solo es el comienzo de un nuevo capítulo de torturas. ¿De cuantas formas he visto morir a Prim? ¿Cuántas veces he revivido los últimos momentos de mi padre? ¿Cuántas veces he sentido que me desgarraban el cuerpo? Asi funciona el veneno de las avispas, especialmente creado para atacar el punto del cerebro encargado del miedo.”



P.D. De la trilogía no me he leído Sinsajo. Como no me gustó el final de la película estoy un poco a la defensiva, aunque no tiene nada que ver, porque pienso que son dos artes diferentes… espero leerlo pronto para completar esta fascinante trilogía.

jueves, 14 de julio de 2016

Mariola de Ana Isabel Azofeifa

Autora Puriscaleña, editorial EUNA. Este libro y “Apis” de la misma autora, me los regaló mi hermana ya hace rato. Se lee muy rápido, en menos de una hora. Entre abejas sin aguijón, un indio de Bagaces y muchos costarriqueñismos se cuenta la historia de una princesa.

Yo soy fiel seguidora de todo lo tico-nacional (lo que es bueno), música, autores, deportistas, bailarines, artistas, entre otros. Me gusta apoyar el talento que hay en Costa Rica, a los que le ponen bonito, los que muestran nuestra identidad. Amo estos 51.100 km² de tierra, que ha visto nacer a grandes seres humanos, que nos han dejado en alto a nivel mundial, que nos han llenado de orgullo y felicidad (bueno mucha miel).

Una parte del glosario que esta al final del cuento: acabangado es alguien que esta triste, confisgada es una persona pícara o traviesa, bretear es trabajar, ña lo usaban los campesinos para decir señora, la pelona es la muerte, marimba es un instrumento música muy popular en Guanacaste (Costa Rica).


Aquí una foto de la portada del libro.


lunes, 11 de julio de 2016

Bipolar de Terri Cheney

Un trastorno bipolar por lo general no le permite a la persona darse cuenta que lo está sufriendo. La persona no tiene un adecuado desarrollo en la sociedad ya que está en constantes extremos del estado de ánimo, que al estar implicados los neurotrasmisores se hace necesario el medicamento diario. Si la persona logra caer en conciencia, podría buscar ayuda.

Lo leí hace como cinco años. Un libro de 367 páginas, que desde el principio se nos advierte que será un rumbo caótico e imprevisible. Una mujer que había probado cuanta droga prescrita existía en Estados Unidos, que trabajaba como abogada en un lugar en donde se desconocía que estaba en tratamiento. Una persona que desnudo su alma y sus recuerdos para contar algunos momentos de lo que es ser bipolar.

Obviamente compre el libro por el título. Pienso que los relatos le dan más sentido a la teoría, este en particular es como un diario. Puede ser chocante porque ella es una persona con dinero; no es autora por lo que el desorden en la historia refleja su condición.

Terri escogió morirse un 24 de diciembre (época muy utilizada para el suicidio), pero fue “salvada” por un extraño sujeto. Sus constantes discursos inconscientes hablaban de muerte, por lo que el terapeuta le recomendó hospitalizarse. Después de una serie de eventos logra salir adelante:


“Para mi sorpresa, han pasado varios años desde que tuve un episodio maniaco grave, más todavía desde que traté de suicidarme. La estabilidad parece algo muy precario, depende solo de la dosis correcta prescrita por el médico apropiado… Vivir no es sencillo, pero ahora es más fácil.”

domingo, 10 de julio de 2016

El hombre en busca del sentido de Viktor Frankl

En varias clases de la universidad se nos habló de este libro, yo soy Psicóloga, y hasta hace poco lo pude leer. El autor creo la logoterapia como método psicoterapéutico, pero en si lo que más trasciende o lo que la mayoría de personas asocia más este libro fue la experiencia que vivió el autor en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.

Últimamente he leído varias historias de la guerra, un episodio devastador, el periodo oscuro de nuestra humanidad, el cual se vuelve más duro cuando le ponemos rostro con historias como esta. Las estadísticas dicen que un 3% de la población mundial murió durante la Segunda Guerra Mundial, un número terrible, lleno de crueldad y espantosos asesinatos; que al leer libros como este, los que no vivimos en esa época se nos hace difícil comprender tanta maldad junta.

La muerte emocional de los prisioneros, el trabajo forzoso, los golpes y la mala alimentación eran solo una parte de la lista diaria, a la que se sumaban la falta de sueño y la falta de sentimientos. Este libro es triste en cada página. Nos sacude bastante en todas las descripciones.

Me considero una persona bastante positiva, que siempre trato de buscar la parte buena de las cosas, por lo que quiero copiar este fragmento, que todavía es más fuerte y positivo de lo que mi mente podría pensar:

“Cura médica de almas.
Recurrí al más trivial de los consuelos. Dije que, a pesar de estar en el sexto invierno de la Segunda Guerra Mundial, no estábamos en la peor de las situaciones. Dije que cada uno podría preguntarse qué pérdidas irreparables había sufrido hasta el momento, y di por sentado que serían escasas. Los que aún estamos con vida teníamos razones para la esperanza: la salud, la familia, la felicidad, la capacidad profesional, la fortuna material, la posición social… Todas esas cosas podían recuperarse. Al fin y al cabo, todavía teníamos los huesos sanos. Nuestras vivencias en el campo podrían resultar provechosas en el futuro… Y cité a Nietzsche: “Todo lo que me destruye me hace más fuerte.”
Luego aludí al futuro. Afirmé con sencillez que, sin duda, este se presentaba bastante negro. Admití que cada uno podía aventurar que sus posibilidades de sobrevivir eran mínimas. Les explique que, aunque todavía no había irrumpido ninguna epidemia de tifus en el Lager, estimaba que mis posibilidades de supervivencia eran de una en veinte. Pero también les dije que, aun así, no tenía intención de perder la esperanza y tirarlo todo por la borda, pues nadie sabía lo que el futuro nos podría deparar, ni siquiera en la hora siguiente. Y aunque no cabía esperar ningún “milagro” militar en los próximos días, nadie conocía mejor que nosotros, con nuestra larga experiencia en el campo, los vaivenes de la suerte, al menos individualmente.”