El
lunes termine este libro. Me llenó de adrenalina en muchas partes. Por el
título estuve a la defensiva, esperando lo peor. Lo devoré en unas cuantas
horas. Fácil de leer. Me encantó la forma de redacción tan directa, me sentí
identificada.
El
padre de Eve se ganó mi respeto. Un hombre que admite llorar, que admite su
miedo y que ama a la naturaleza. Él es quien describe todo lo sucedido.
Me
encanta leer historias cotidianas, el día a día es la mejor de las novelas,
cada persona tiene algo que contar, algo que decir. Y particularmente con esta
lectura, recordé lo importante que es disfrutar de las cosas triviales y
sencillas que suceden día a día.
“Nadie atraviesa tal desierto sin sufrir
heridas indelebles de ese viaje.
La aventura humana que acabo de
experimentar, resuena en cada célula de mi cuerpo. En cada neurona de mi
cerebro.
Visión del mundo. Percepción del
futuro. Contacto con los demás.
Futilidad.
Fragilidad.
Disfrutar del momento presente. Los
regalos de la vida. La simplicidad de los sentimientos. La felicidad de las
cosas pequeñas. El ser.”
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