Cuando
llegó a las librerías no dude en comprarlo, ya había escuchado un poco sobre la
historia: a una joven pakistaní de 15 años, le dispararon cuando ella se
dirigía a la escuela:
“Me dispararon un martes a la hora de comer.
El jueves por la mañana mi padre estaba tan convencido de que iba a morir que
dijo a mi tío Faiz Mohammad que la aldea empezara a preparar mi funeral. Me
habían puesto en coma inducido, mis constantes vitales se deterioraban, tenía
la cara y el cuerpo hinchados, y mis riñones y pulmón estaban fallando. Mi
padre me dijo más tarde que era atroz verme conectada a todos aquellos tubos en
un pequeño cubículo de cristal. Daba la impresión de que ya estaba muerta
médicamente. Estaba devastado. Mi madre seguía rezando, apenas había dormido.
Faiz Mohammad le había dicho que recitara la sura del Haj, el capítulo del Corán
sobre la peregrinación, y ella recitó una y otra vez los doce versículos
(58-70) sobre la omnipotencia de Dios. Dijo a mi padre que en su fuero interno
sentía que viviría, pero él no veía cómo. Cuando el coronel Junaid vino a examinarme,
mi padre le preguntó otra vez: «¿Sobrevivirá?». «¿Cree usted en Dios?», le
preguntó el médico. «Sí», dijo mi padre. El coronel Junaid parecía ser un
hombre de una gran profundidad espiritual. Su consejo fue acudir a Dios y que
Él respondería a nuestras plegarias.”
Este
libro es el que más he prestado, no dudo en que impacta y nos pone a
reflexionar, no solo por las fuertes creencias del régimen talibán en contra de
las mujeres, si no por la descripción de un país que tiene muchos años de
atraso incluso en lo que nosotros consideramos básico (luz y agua). Malala no
siguió las órdenes impuestas, ella lucho porque quería estudiar y esto casi le
cuesta la vida.
El
libro también cuenta anécdotas, opinión, describe el apoyo que tuvo Malala principalmente
de su padre, así como de la cotidianidad y la realidad que se vive en el Valle
de Swat:
“Una de las niñas de mi clase no volvió
a la escuela aquel año. La habían casado en cuanto llegó a la pubertad. Parecía
mayor para su edad, pero sólo tenía trece años. Poco después oímos que tenía
dos hijos. En clase, mientras nos aprendíamos la formulación de los
hidrocarburos en la clase de química, me imaginaba cómo sería dejar de ir a la
escuela y ocuparse de un marido.”
Malala
ganó el Premio Nobel de la Paz 2014, con 17 años es la persona más joven que lo
ha ganado, tiene otros premios y una fundación. Ella es activista a favor de
los derechos civiles, especialmente a que las niñas y mujeres puedan estudiar.
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