miércoles, 15 de febrero de 2017

Cinco Esquinas de Mario Vargas Llosa

Tengo sueño, pero terminé el libro y quiero compartir mi opinión. La historia se centra en el Perú de la época de Fujimori, habla del terrorismo y periodismo amarillista, de la diferencia en las clases sociales y la corrupción, igualmente de las fantasías sexuales y el chantaje. Publicada en marzo del 2016 por la editorial Alfaguara, el autor es el Premio Novel de Literatura del 2010.

Los que no hemos vivido en un país con secuestros y con toque de queda pensamos que eso solo sucede en las películas. El tener miedo por salir a la calle o saber que un conocido fue brutalmente asesinado se vivió en el barrio de Cinco Esquinas. Fue una injusticia lo que le hicieron al pobre de Juan Peineta, me da tanto pesar que esté perdiendo la memoria y no recuerde ni quien era, la ventaja es que no se acuerda del daño que le hicieron.

El otro día iba en el tren y me tocó de pie, me puse a ver a las personas y pensar que es muy probable que alguna de ellas hoy haya mentido o que le hayan mentido, otra persona pudo haber engañado o ser engañada, además es probable que alguna haya defraudado o la hayan defraudado, como si todos fueran personajes de una novela, como en esta novela.

Me gusta cuando hay un narrador omnisciente, sabe todo lo que sucede, incluso habla de los pensamientos de los personajes (en la vida real muchos no somos capaces ni de querer recordar ciertas cosas) y es capaz de avisarnos que algo está a punto de suceder.

“Lo vio sacar el auto del garaje y partir, haciéndole adiós, y ella le hizo también adiós desde detrás de la cortina. Era un día gris y húmedo, de cielo encapotado de nubes plomizas, tan feo que parecía presagiar algo siniestro. Chabela pensó apenada que faltaba todavía tantos meses para que volviera el verano. Extrañó su casita de playa en La Quipa, los baños en el mar, las largas caminatas en la arena. No había dormido muy bien anoche, se sentía algo cansada. ¿Nadaría un poco en la piscina de agua temperada? No, más bien se echaría otro rato en la cama. Subió a su dormitorio, se quitó la bata y volvió a meterse entre las sábanas. Las cortinas seguían corridas y había penumbra y un silencio profundo en toda la casa. Tenía pilates y yoga a las diez de la mañana en el gimnasio, de manera que le quedaba tiempo; cerró los ojos para dormitar un ratito más.”


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